Si va prestar dinero, hágalo así...
Alguien prestó una suma importante a un socio, a un familiar o a un cliente de confianza. Hubo un mensaje de WhatsApp, tal vez un papel firmado a mano. Y hoy el deudor no contesta. La pregunta es siempre la misma: ¿puedo recuperar mi dinero? La respuesta depende casi por completo de algo que se decidió el día que entregó la plata: cómo quedó documentado ese préstamo.
Prestar no es el problema: documentarlo mal, sí
Un préstamo mal documentado no desaparece como deuda, pero se convierte en un pleito largo y caro. Sin un documento sólido, usted tendrá que demostrar en juicio que entregó el dinero, cuánto entregó, en qué condiciones y que la otra parte se obligó a devolverlo. Con un documento bien redactado, en cambio, buena parte de esa discusión ya está resuelta antes de empezar.
La diferencia real: un contrato que sirve para cobrar
No todos los documentos tienen el mismo peso ante un juez. Un contrato de préstamo correctamente estructurado, o un pagaré emitido conforme a la ley, puede constituir un título ejecutivo: un documento que le permite acudir directamente al cobro judicial sin tener que probar la existencia de la deuda desde cero. Esa diferencia se traduce en meses de proceso y en el costo del abogado que usted no tendrá que pagar.
Ahí está el verdadero valor de redactar bien: no se trata de tener un papel, sino de tener un papel que sirva para ejecutar.
Las cláusulas que casi siempre faltan
Cuando reviso préstamos que salieron mal, los vacíos se repiten: no se pactó interés moratorio, de modo que el deudor no pierde nada con atrasarse; no hay cláusula de vencimiento anticipado, así que ante el primer incumplimiento hay que esperar a que venza todo el plazo; no se definió el lugar de pago ni la moneda; y sobre todo, no se pidió garantía. Un fiador solvente, una prenda sobre un vehículo o una hipoteca cambian por completo sus posibilidades reales de recuperar el dinero.
Ojo con los intereses: existe un techo legal
Muchos prestamistas creen que pueden pactar el interés que quieran porque «así se acordó». No es así. La legislación costarricense establece límites máximos a las tasas de interés, que el Banco Central actualiza y publica cada semestre. Pactar por encima de ese tope no solo puede dejar sin efecto los intereses cobrados: puede exponerlo a consecuencias mucho más serias que perder el rendimiento esperado.
Y recuerde algo que ya he comentado en este blog: las deudas prescriben. Dejar pasar los años esperando que el deudor «recapacite» puede significar que, cuando finalmente decida cobrar, ya no pueda hacerlo.
Si va a prestar una suma importante, o si ya prestó y no le están pagando, ¡comuníquese con mi persona y con gusto revisamos su caso para estructurar el contrato correctamente o iniciar el cobro por la vía que corresponda!